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Menudo Palo

Saturday, May 3rd, 2008

El palo se compone de 3.000 cohetes que los alquifeños queman al unísono en honor a su patrón

En la localidad de Alquife celebran las fiestas de su patrón, San Hermenegildo, con cientos de cohetes. El amor de los alquifeños por la pólvora y su buena relación con ella procede sin duda del pasado minero de la localidad. A la vista de su pasado, no es de extrañar que los vecinos de este pueblo vean explotar miles de cohetes sin inmutarse. La expresión más singular de esta relación entre los devotos de San Hermenegildo y la pólvora es “el palo”. El palo es, ni más ni menos, que un poste de la luz rodeado de principio a fin de cohetes.

En la localidad de Alquife celebran las fiestas de su patrón, San Hermenegildo, con cientos de cohetes. El amor de los alquifeños por la pólvora y su buena relación con ella procede sin duda del pasado minero de la localidad. Así, no es de extrañar que los vecinos de este pueblo vean explotar miles de cohetes sin inmutarse. La expresión más singular de esta relación entre los devotos de San Hermenegildo y la pólvora es “el palo”. El palo es, ni más ni menos, que un poste de la luz rodeado en sus nueve metros de largo cohetes, unos 3.000.


Al palo se le considera un artefacto peligroso y los alquifeños aseguran que todo lo relacionado con la manipulación del mismo está rodeado de fuertes medidas de seguridad. Sólo su presencia impresiona y es para echarse a temblar. Sin embargo, la relación de los paisanos con este ingenio explosivo parece de lo más festivo y despreocupado.


Cuando San Hermenegildo es piropeado una vez más por su horquilleros -¡guapo, guapo y guapo!- y llega a las puertas de la iglesia, el pueblo de Alquife le ofrece la última traca -que también es de traca-. Después los mozos y mozas del pueblo, la banda de música, el alcalde y el resto de las autoridades van al son de pasacalles en busca del palo -durante toda la procesión ha estado apartado del resto de fuegos artificiales en la biblioteca del pueblo-. La recogida del artefacto se hace la forma más festiva posible y al grito de: “Palo, palo, palo…”


La espera termina y los alquifeños ofrecen solemnemente “el palo” a su patrón. Después viene la “plantá“. Para esta operación la plaza cuenta con un dispositivo permanente que soporta la explosión. Tan pronto como el palo llega a la posición vertical comienzan los segundos más emocionantes de la fiesta.


El encendido de la mecha de un palo que ha tardado horas en confeccionarse y que en menos de diez segundos se convierte en una inmensa bola de fuego que llena la plaza del pueblo entre los gritos de los alquifeños. La temperatura en las cercanías de la plaza sube repentinamente, es como si abriesen la puerta de un horno gigantesco por unos segundos. La plaza se llena de fuego. El humo lo cubre todo. No faltan gritos que sirven para aflojar tensiones y nervios ante un espectáculo realmente único. Es un momento de éxtasis colectivo que termina con los aplausos de los alquifeños que compiten en decibelios con la explosión del palo.