Estos tipos, el Rajoy y el Zapatero, no se merecen cobrar un sueldo por decir siempre lo mismo. Eso es más propio de los que meten en la casa esa del Gran Hermano y toda la vida se han dedicado a vivir de la misma historia. No son los chicos de Guadalix un ejemplo a seguir para un tipo que es presidente del Gobierno ni para otro que pretende serlo. Termina el primer debate y ando abochornado por nuestra clase política. Esperaba más y me ha sorprendido que al final ninguno me haya sorprendido.
Si fuese amigo de cualquiera de los dos estaría decepcionado. Son incapaces de seguir una conversación o de contestar una pregunta. No, ellos van a lo suyo y a soltar su temita que se lo traen preparado de casa. Al final parecía uno de aquellos diálogos de besugos:
- Buenos días
- Buenas tardes
- ¿Qué se cuenta?
- La leche ha subido
- ¿Se acuerda de cuando hizo la mili?
- En Algeciras
- Pues mi gato era de angora
- Angora no me acuerdo, pero era de lejos
- ¡Ah! ¿Por qué no lo ha dicho antes? Yo pensaba que eran de vista cansada.
- Sí, la pobre no ha podido dormir en toda la noche.
En fin, menudo plomo, no han aportado nada, ni una idea, ni una solución. El primer debate ha sido la cumbre del reproche y lo que está en juego es el bienestar de los españoles. No nos merecemos a estos dos que han convertido tres horas de televisión en un espectáculo de “mala leche y malos modos”, dice Anna Jordá y yo firmo lo que ella diga.
A mi que estos dos sean más o menos elocuentes, ingeniosos -que no lo han sido-,… me da exactamente igual. Yo quiero saber qué va a pasar mañana porque lo que pasó, lo que no pasó y lo que debía haber pasado ya lo sé.
En fin, que he hecho bien en estar de cañas y pasando de estos dos. He llegado al final, lo suficiente. Pero ya que cobran un sueldo que por lo menos entretengan.