Mariano y su medicina
Mariano Rajoy sacó sin pudor durante los últimos cuatro años a lo más rancio de la derecha en todo tipo de manifestaciones contra el gobierno socialista. Desempolvó los armarios de la extrema derecha y de buenas a primeras tomaron las calles señoras con permanente y señores con papada y morrillo tocinero gritando a voz en cuello ripios. De nuevo vimos usar la bandera de España contra la otra media España como si los del otro lado no fueran españoles.
Ante todo esto Mariano no meneó ni un dedo. Mariano aceptó esta herencia que para cualquiera habría sido algo incómoda, pero a él parecía no importarle mientras le hacían el juego. Después de cuatro años Mariano parece que la quiera aceptar a beneficio de inventario. Esto es, quedarse con el centro y sacudirse todo lo rancio y casposo. Es demasiado tarde. Yo mismo lo he visto hacer chistes pretendidamente graciosos del gusto de los que ahora no le ríe ni lo sensato.
Sin embargo, hoy hemos visto a estas mismas señoras con permanente gritarle “rojo” y “traidor” en la mismísima calle Génova. Mientras, hemos visto salir por la puerta -de atrás- del garaje esquivando a los mismos suyos a dirigentes del PP. El gesto de la cara de Rajoy debe ser parecido ahora al de Pandora aquel fatídico día que le dio por abrir la dichosa cajita.