El secreto de la tostadora

Me pregunta Rompetechos por qué mi blog se llama como se llama, “No sin mi tostadora”. Yo se lo cuento:

Estaba previsto que yo me casase el 9 de octubre de 2006. No fue así. Pero desde el primer anuncio del enlace no fueron pocos los amigos que me aconsejaban que no lo hiciese, que había pasado de la edad de riesgo y que hoy por hoy se podía hacer lo mismo casado que soltero, que el matrimonio era una fuente de complicaciones. Al final no me casé. No por que hiciesen efecto los consejos de mis conocidos, no, simplemente fue un problema de salud que me llevó al quirófano el 31 de enero.
Durante el tiempo que estuvo vigente la invitación de boda mucha gente me preguntaba ¿por qué? como si fuese el entrenador de un equipo de fútbol que hace un cambio de jugador a destiempo. Mi contestación siempre era la misma: “Si opto por arrejuntarme no me harán regalos, tengo un piso muy grande y lo tengo que amueblar”. Sin boda no hay lista de bodas. Entonces, Mª Victoria Fernandez, que ya me editaba en el periódico y que estaba inmersa en su proceso de separación, me dijo qué haría yo con los regalos nupciales si pasado un tiempo nos separábamos y yo le dije que mi futurible “ex” se lo podía llevar todo, menos la tostadora que ella (Mª Victoria) me regalase y la consideraría como un bien privativo.
En mitad de todos estos trances -salud, convocatoria, aplazamientos y desconvocatoria de boda- inauguré mi blog y lo bauticé con la defensa que hago a mi tostadora.
Hay varias interpretaciones sb lo que puede ser la tostadora. La más graciosa es la de quienes creen que la tostadora es mi ordenador portátil.

Esta misma historia tiene su versión en el blog de María Victoria Fernández (Una periodista en pijama): Me caso, no me caso, me caso

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