¡Cómo nos engaña la tele y cómo nos lo creemos! Acabo de llegar del hospital “Ruiz de Alda” que así lo hemos conocido toda la puñetera vida, después de que me hayan intervenido para sacarme la vesícula mediante
laparoscopia. Pero la historia de esta intervención clínica se remonta diez meses atrás. El parte, mucho más corporativista, habla de un dolor agudo desde “hace 48 horas”.
Desde el pasado mes de marzo me vengo paseando como alma en pena entre mi casa y el Centro de Salud. Bien es cierto que muchas veces dejé colgada el alma en la percha y marché hecho una pena. A cualquier hora de la madrugada se me ha podido ver encogido de dolor y a la espera de que esas pociones milagrosos deposisaten en mi vena su dósis de reparadora. Han sido muchas visitas y cada vez más frecuentes, más intensos y más frecuentes, mucho más intensos y mucho más frecuentes. Al final perdí la cuenta. Además, estos últimos meses he parado más por casa y mi madre aficionada al buen condumio y que no está satisfecha hasta que te trincas la ración más grande jamás pensada ha podido alimentar más mi dolencia que a mi cuerpo; esto último es sólo una figuración mía por darle más literatura al tema.
Entre tantas visitas y visitas he escuchado todo tipo de diagnósticos, incluido el de un especialista de digestivo que se conformó con una breve descripción de un dolor similar que sufrí años atrás. La mayoría de ellos, sobre todo al principio, cayeron en el engaño y apuntaron en la “Veleda de House” como diagnóstico la influencia del estrés sobre mi estómago. Ahora sé que soy un tipo convincente y he engañado a muchos tíos con años y años de carrera, pero lo lamentable de todo esto es que al final va a tener razón mi padre y cuando los médicos no saben qué decirte le echan la culpa a los nervios y a otra cosa mariposa -que hoy atiendo a 150-. Algunos también han porfiado que se trataba de un principio de úlcera y allí quedó apuntado, en la pizarrita de House. Las últimas crisis han sido de campeonato y los diagnósticos han sido todos en la misma línea. Tantas crisis me han valido para ser conocido como un supuesto hipocondriaco en las urgencias del difunto centro de salud de Guadix.
La última vez que pasé por ese trance fue la madrugada del pasado domingo, siete horas descontadas en la clepsidra clínica del gotero hasta que engañé al médico para que me dejara salir de allí, pero continúe con un intenso dolor en casa. Dolor, dolor, tras dolor. Hasta que mi vesícula, que ya había jodido bastante a esas alturas, dejó de jugar al ratón al gato y empezó a doler en el sitio que tenía que doler el primer día; sí, ese mismo, donde está la vesícula. Pues bien, me diagnosticaron y me operaron en el acto, eso sí, previo paso por Urgencias de Ruiz de Alda de la que se puede decir que es un purgatorio anticipado y de la que estoy seguro que hablaré más adelante.
Ahora estoy bien tras la operación, pero jodido, estoy seguro que House me lo habría resuelto en un capítulo de poco más de una hora y que mi dolencia habría desaparecido en en su pizarrita mucho antes ¡Cabrón! ¿y tú que haces en Cuatroº?
*Bueno, me marcho a descansar y perdón por la mala literatura, pero es que no estoy muy fino.